{"id":229,"date":"2019-04-24T15:52:30","date_gmt":"2019-04-24T15:52:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lauratorrado.net\/?p=229"},"modified":"2019-04-24T15:53:11","modified_gmt":"2019-04-24T15:53:11","slug":"cuando-el-que-mira-es-un-hombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lauratorrado.net\/?p=229","title":{"rendered":"CUANDO EL QUE MIRA ES UN HOMBRE"},"content":{"rendered":"<p>Cuando el que mira es un hombre<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Comienzo a escribir casi sin querer. Con cierto miedo de no encontrar respuestas. Inmediatamente asumo que las obras de Laura Torrado derivan de una suerte de desdoblamiento, incluso cuando se disfrazan de simple autorretrato. Naturalmente pienso en Artaud y en el doble, pero sobre todo en una frase de Alejandra Pizarnik: \u00abno puedo hablar con mi voz, sino con mis voces\u00bb<a name=\"_ftnref1\"><\/a>[1]. Esas otras voces, esas otras identidades o traducciones deformadas, Laura Torrado las destila en fotograf\u00eda vali\u00e9ndose en muchas ocasiones de su propio cuerpo, y m\u00e1s concretamente de su propio rostro como materia, como escenario. Si en sus primeros trabajos eran objetos que revelaban lo ef\u00edmero poco a poco destilar\u00e1 toda esa escenograf\u00eda al cuerpo.<\/p>\n<p>Como en Pizarnik, af\u00edn a los poetas malditos y a los desdoblamientos, existe un algo de incoherencia surrealista en el trabajo de Laura Torrado. Lo indecible, la brevedad del verso, la falta de respuestas y alternativas a las fisuras levantadas, a cierta angustia existencial, contenida, nos lleva a indagar en esos silencios. El espacio de extra\u00f1amiento de Laura Torrado no dista de esa herida en primera persona del singular que confiesa Pizarnik, donde el \u2018yo\u2019 deviene ente fantasmag\u00f3rico. La protagonista del disparo fotogr\u00e1fico se reconoce en su \u2018yo\u2019 pero la imagen, el espejo de Artaud, devuelve un \u2018yo\u2019 irreconocible y desconocido. Ser\u00eda algo as\u00ed como aquel sue\u00f1o a modo de segunda vida que abre el <em>Aur\u00e9lia<\/em>de Nerval.\u201cAqu\u00ed ha comenzado para m\u00ed lo que llamar\u00e9 el esparcimiento de la fantas\u00eda en la vida real. A partir de ese momento, todo tomaba a veces un doble aspecto, y eso sin que el razonamiento adoleciese nunca de falta de l\u00f3gica y sin que la memoria me hiciera olvidar cuanto me ocurr\u00eda, ni en sus m\u00e1s ligeros detalles. Solamente mis acciones, insensatas aparentemente, estaban sometidas a lo que se llama ilusi\u00f3n, seg\u00fan la raz\u00f3n humana\u201d<a name=\"_ftnref2\"><\/a>[2].<\/p>\n<p>Las fotograf\u00edas de Laura Torrado tienen algo de frontera, de tr\u00e1nsito entre la propia representaci\u00f3n, de s\u00ed misma, y la s\u00edntesis po\u00e9tica. Del \u2018ser\u2019 se pasa al \u2018mostrar\u2019 en una fotograf\u00eda que trata de penetrar en lo oscuro para reconocerse. Por eso resulta tan tensa, porque realmente en esa b\u00fasqueda descubre el reencuentro con otra mirada, que nace del fragmento, de un cuerpo capaz de rehacerse enrarecido, poetizado. Algo as\u00ed sucede en su v\u00eddeo <em>La llorona -L\u00e1grimas negras &#8211;<\/em>, donde el r\u00edmel dibuja formas en la cara tras deslizarse a causa de t\u00edmidas l\u00e1grimas, casi imperceptibles salvo por ese rastro negro.<\/p>\n<p>En el fondo existe un parad\u00f3jico caminar hacia la abstracci\u00f3n desde la figura, m\u00e1s de sensaciones que propiamente de formas; casi abstracci\u00f3n al fin y al cabo. Las fotograf\u00edas de Laura Torrado son productos de una figuraci\u00f3n compleja. Como se\u00f1ala Deleuze, hay \u201cdos maneras de superar la figuraci\u00f3n (es decir, a la vez lo ilustrativo y lo narrativo): o bien hacia la forma abstracta, o bien hacia la Figura. A esta v\u00eda de la Figura C\u00e9zanne le da un nombre sencillo: la sensaci\u00f3n. La Figura es la forma sensible relacionada con la sensaci\u00f3n (\u2026) La sensaci\u00f3n es lo contrario de lo f\u00e1cil y lo acabado, del clich\u00e9, pero tambi\u00e9n de lo sensacional, de lo espont\u00e1neo\u201d<a name=\"_ftnref3\"><\/a>[3]. Deleuze se\u00f1ala la sensaci\u00f3n como el hilo de uni\u00f3n entre C\u00e9zanne y Bacon, siendo \u00e9ste \u00faltimo quien insiste en la sensaci\u00f3n como aquello capaz de pasar de un <em>orden<\/em>a otro, de un <em>nivel <\/em>a otro o de un <em>dominio<\/em>a otro. Ese tr\u00e1nsito convierte el cuerpo en escenario y la imagen en escena suspendida en espera de un <em>suceder<\/em>. En otras palabras, Laura Torrado construye la sensaci\u00f3n, la escena; lo vemos en<em>The Endless Story<\/em>, de 1999, donde esa m\u00e1xima de Bacon de pintar el grito antes que el horror se hace efectiva. La figura del medio se reafirma en esa intenci\u00f3n baconiana de romper con lo figurativo, de moverse sin moverse del sitio, un momento \u2018ph\u00e1tico\u2019 de la sensaci\u00f3n que nos lleva a pensar tambi\u00e9n en v\u00eddeos como <em>L\u2019et\u00e9 Indien<\/em>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en <em>The Endless Story<\/em>, podemos advertir como sus obras son producto de una narraci\u00f3n fragmentaria, entrecortada. Algo que repite con forma de secuencia en todos los cap\u00edtulos de <em>La tormenta en los ojos<\/em>, aunque tambi\u00e9n, de una manera menos expl\u00edcita, en cada una de sus propuestas.<\/p>\n<p>Lo se\u00f1ala Santiago B. Olmo, \u201cLaura Torrado se sirve de la escenificaci\u00f3n para acentuar, como en una s\u00edntesis, los problemas y los argumentos de un relato sin hilo conductor, abri\u00e9ndose la posibilidad de s\u00edntesis narrativas en lo simb\u00f3lico, en la representaci\u00f3n de enigmas o jerogl\u00edficos visuales\u201d<a name=\"_ftnref4\"><\/a>[4]. Para \u00e9ste, los autorretratos de Laura Torrado se presentan como alegor\u00edas laicas, m\u00e1s cercanas al teatro de s\u00edmbolos renacentistas que al ritual religioso. As\u00ed, entenderemos las ventanas y escaleras (el tr\u00e1nsito) y los rostros solapados (el misterio); otra vez el teatro, el escenario y el acto (la performance fotografiada).<\/p>\n<p>Pero siempre ser\u00e1 un espacio \u00edntimo, para miradas privadas. Y esta es una cuesti\u00f3n importante. Como el de esa mirada que en muchos casos se corta por la fotograf\u00eda (<em>Mujer escalera<\/em>; <em>Endless story<\/em>), se tapa o ciega (<em>Autoretrato VII<\/em>; <em>La tormenta en los ojos<\/em>; <em>The insides<\/em>), se desliza (<em>La llorona -L\u00e1grimas negras-<\/em>), se evita (<em>Erased Portrait<\/em>), se vela (<em>El silencio y la noche<\/em>) o se enmascara (<em>Le mensonge I<\/em>). El gesto, cercano a la danza -pienso en <em>L\u2019\u00e9t\u00e9 indien<\/em>-, cobra una fuerza b\u00e1sica en esa deriva introspectiva. Laura Torrado \u201cimpide que nos acerquemos demasiado y en esa distancia radica gran parte de su eficacia; despliega un orden metaf\u00f3rico donde gozamos de libertad para proyectar y leer nuestras propias inquietudes, miedos, sue\u00f1os o certezas\u201d<a name=\"_ftnref5\"><\/a>[5]. Efectivamente, en la mirada de las modelos de Laura Torrado no hay oferta, ni recepci\u00f3n, s\u00f3lo distancia y distracci\u00f3n. El sentimiento resulta contenido, concentrado en la aparente distensi\u00f3n de los personajes. Ese tono cr\u00edptico de la imagen revela su sentido cr\u00edtico, no complaciente con un espectador que pierde el control de la escena definitivamente. Las obras de Laura Torrado se formalizan en la dificultad, como cuando la escritura de Artaud irrumpe de pronto para volver a comenzar. Hay una intenci\u00f3n de transgresi\u00f3n de todo aquello que nos protege como espectadores y de ah\u00ed que su discurso, amable en una primera mirada, resulte violento y extremo.<\/p>\n<p>Laura Torrado, en muchos casos, utiliza su cuerpo como escultura o como pintura. Son estudios de un cuerpo visto como fragmento, como prolongaci\u00f3n, o incluso como pr\u00f3tesis, pero sobre todo como superficie. Porque la idea no es negar la mirada sino intensificarla, llevarla al l\u00edmite. Cada elemento semeja obedecer a un ritual y a\u00fan en sus composiciones m\u00e1s simples y elementales lo que nos llega es una imagen densa, de esas que con lo m\u00ednimo deja aflorar posibles referencias; se ha citado a Jana Sterbak, Ana Mendieta, Louise Bourgeois, Meret Oppenheim, Rebecca Horn,\u2026 Pienso en \u00e9sta \u00faltima y recupero uno de sus textos titulado <em>Der Eint\u00e4nzer<\/em>(1978): \u201cEl pasado vivido se percibe en historias, que despiertan asociaciones y se convierten al mismo tiempo en espacio libre para la propia fantas\u00eda. Si alguien decide habitar este espacio, sus enso\u00f1aciones adquirir\u00e1n densidad y se independizar\u00e1n en nuevas historias\u201d. Esas historias se dibujan en gestos, tatuajes y disfraces en las fotograf\u00edas de Laura Torrado. Su cuerpo y otra vez el argumento m\u00ednimo, tan fr\u00e1gil como una l\u00e1grima y tan fuerte como una mirada de la modelo (pienso en <em>La Sibilia<\/em>, en <em>Las mil y una noches<\/em>o en <em>Filles modernes<\/em>), marcan los tiempos. Entonces, contin\u00faa Horn, \u201cs\u00f3lo queda por ver si la acci\u00f3n construida espec\u00edficamente para tal espacio ya se ha producido o si empieza a desplegarse en ese preciso instante. Titubeando, la piel nueva de los acontecimientos se posa sobre el espacio y procura ser id\u00e9ntica a la vieja\u201d.<\/p>\n<p>Esa pel\u00edcula de piel se enfatiza en los t\u00edtulos de los trabajos, fundados en sentimientos (<em>Si te quise<\/em>;<em>El presentimiento<\/em>) o en espacios o situaciones \u00edntimas (<em>Hogares y silencios<\/em>;<em>El abrazo<\/em>). Porque todas estas atm\u00f3sferas extra\u00f1as y en apariencia ajenas, se construyen desde lo m\u00e1s personal de la artista y sus relaciones cotidianas. Y en lo cotidiano se esconden las m\u00e1s irresolubles ecuaciones, las interrogaciones m\u00e1s dif\u00edciles. Como en <em>El dormitorio<\/em>, donde la propia artista y su abuela se presentan en ropa interior y dejan que, como espectadores, invadamos imp\u00fadicamente ese espacio. Es como si el tiempo se detuviera en una suerte de par\u00e9ntesis, tan irresoluble y rico como la virtualmente cortada conversaci\u00f3n \u00edntima entre mujeres de dos generaciones distintas igualadas por el tiempo del disparo.<\/p>\n<p>Laura Torrado trabaja la exterioridad pero desde un punto de vista \u00edntimo. As\u00ed, deja fluir todas las narrativas posibles que se resuelven desde la tensi\u00f3n po\u00e9tica, avanzando siempre desde el silencio de unos personajes a los que s\u00f3lo accedemos de un modo superficial, exterior. Esa potenciaci\u00f3n de lo cotidiano, individual y gen\u00e9rico al tiempo, se puede extender al momento o tiempo de la acci\u00f3n, que nunca obedece a un acontecimiento entendido como suceso, sino a un acontecimiento entendido como devenir, como tiempo en el que aparentemente nada sucede, como rutina. Por eso valora la pausa, el momento de espera. Cada pose, cada gesto, cobra entonces un valor diferente y acaba por definirnos como individuos dentro de una sociedad, de nuestra escena. As\u00ed, los rostros, m\u00e1s que rostros se convierten en m\u00e1scaras que dificultan la informaci\u00f3n. Lo advertimos expl\u00edcitamente en <em>Le mensonge I<\/em>, en <em>Mujer escalera<\/em>, en <em>The insides<\/em>o en sus <em>Sherezades<\/em>, pero tambi\u00e9n en la citada sensaci\u00f3n baconiana que torna todo borroso. En obras como <em>Hammam <\/em>deja ver todo eso. La espera tensa de las modelos lleva nuestro pensamiento fuera de la escena. \u201cEn estas escenas aparece bajo el peso de lo simb\u00f3lico el relato de una escena cercana y precisa, con connotaciones sociales, como una reflexi\u00f3n cr\u00edtica de la historia y de la cultura respecto a la mujer y a lo femenino: una historia interior de la mujer a trav\u00e9s de sus s\u00edmbolos culturales y existenciales\u201d<a name=\"_ftnref6\"><\/a>[6].<\/p>\n<p>Se ha insistido en c\u00f3mo la obra de Laura Torrado se centra en el espacio \u00edntimo de lo femenino. \u201cEl espacio autobiogr\u00e1fico es obvio, pero igual de obvio es que se trata de una obra construida sobre la intimidad universal de la mujer, destacando las relaciones entre nosotras, el espacio personal, y una forma diferente de mirar los cuerpos, la sensualidad u los sentimientos\u201d<a name=\"_ftnref7\"><\/a>[7]. Cierto es que las mayor\u00eda de sus modelos son mujeres y que su manera contenida de exhibir sensualidad es propia de lo femenino. Pero en esa contenci\u00f3n del argumento m\u00ednimo se adivinan f\u00f3rmulas capaces de superar aquello que se podr\u00eda quedar m\u00e1s en homenaje para demandar una mayor reflexi\u00f3n sobre esa aparente simplicidad de lo que nos rodea. \u201cTorrado busca reflejar la deformaci\u00f3n que producen los estados de ansiedad, el hast\u00edo o los prejuicios sobre el cuerpo. Los nexos entre las obras son sin embargo demasiado ambiguos y apenas traspasamos la superficie de cuestiones que se presuponen de mayor profundidad\u201d<a name=\"_ftnref8\"><\/a>[8].<\/p>\n<p>Es por ello que no podemos sino concluir que lo m\u00e1s atractivo de las situaciones planteadas por Laura Torrado es que son indescifrables. Todo es producto de una imagen impenetrable. Sus historias son posibilidades, muchas veces impregnadas de una estudiada tensi\u00f3n er\u00f3tica y otras mostrando mucho m\u00e1s y sin embargo restando parte de esa tensi\u00f3n. En obras como <em>Hammam<\/em>o <em>La Sibila<\/em>semeja encontrar sentido la aseveraci\u00f3n de Bataille: \u201cLa acci\u00f3n decisiva es ponerse desnudos\u201d<a name=\"_ftnref9\"><\/a>[9]. Pero tambi\u00e9n la atractiva paradoja de las escenas construidas por Laura Torrado donde la falsificaci\u00f3n resulta m\u00e1s verdadera que nunca: \u201cEn las fotograf\u00edas pornogr\u00e1ficas es cada vez m\u00e1s frecuente que los sujetos retratados miren, con una estrategia calculada, hacia el objetivo, manifestando as\u00ed con claridad que son conscientes de estar expuestos a la mirada. Este gesto inesperado desmiente violentamente la ficci\u00f3n impl\u00edcita en el consumo de tales im\u00e1genes, seg\u00fan la cual quien las contempla sorprende sin ser visto, a los actores: \u00e9stos, sosteniendo a sabiendas la mirada, obligan al voyeur a que les mire a los ojos (\u2026) El hecho de que los actores miren al objetivo significa que <em>muestran que est\u00e1n simulando<\/em>y, no obstante, de forma parad\u00f3jica, en la medida en que exhiben la falsificaci\u00f3n resultan m\u00e1s verdaderos\u201d<a name=\"_ftnref10\"><\/a>[10]. En <em>La Sibila<\/em>, por ejemplo, dos de las miradas desnudan al espectador de toda posibilidad imp\u00fadica.<\/p>\n<p>Mientras, en obras como <em>Historias Buc\u00f3licas<\/em>ya no se simula la realidad, se excede. Una de las mujeres lleva un hocico de cerdo y todas visten de modo extra\u00f1o. La m\u00e1scara vomita una realidad absurda, incongruente, pero tambi\u00e9n destila una forma de cr\u00edtica, la <em>construcci\u00f3n del otro<\/em>, la <em>demonizaci\u00f3n de lo diferente<\/em>. En <em>Mentiras de agua<\/em>el t\u00edtulo lo dice todo y lo que se ve es el cielo, como en un sue\u00f1o capaz de desdoblar la realidad.<\/p>\n<p>En definitiva, nunca sabremos la verdad completa de las fotograf\u00edas de Laura Torrado, ya que la realidad en ellas resulta velada y el mundo del secreto pertenece m\u00e1s a la ficci\u00f3n. Por eso en una de sus \u00faltimas fotograf\u00edas se representa sin representarse (con un doble que no es su doble) a lo Sherezade, enfatizando esa narraci\u00f3n ficcionalizada sin fin; si las historias verdaderas nunca son nuestras, las ficticias s\u00ed pueden serlo. La tormenta descubre otros paisajes y el deseo de poder seguir mirando deriva en sue\u00f1o permanente, como aquel son\u00e1mbulo de Nietzsche que debe seguir so\u00f1ando para no precipitarse al suelo. Pienso que cuando el que mira y escribe es un hombre, todos son miedos, y dudas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_ftn1\"><\/a>[1]Pizarnik, Alejandra. <em>Obras Completas. Poes\u00eda &amp; Prosa<\/em>. Buenos Aires: Corregidor, 1990<\/p>\n<p><a name=\"_ftn2\"><\/a>[2]Nerval, G\u00e9rard. <em>Aur\u00e9lia<\/em>. Col. Reino imaginario. Ed. Coyoac\u00e1n, M\u00e9xico, 1998<\/p>\n<p><a name=\"_ftn3\"><\/a>[3]Deleuze, Gilles. Francis Bacon. L\u00f3gica de la Sensaci\u00f3n, Arena Libros, Madrid, 2002<\/p>\n<p><a name=\"_ftn4\"><\/a>[4]Olmo, Santiago B. \u201cLaura Torrado. Interior esc\u00e9nico\u201d. <em>Madrid al descubierto. Una propuesta multidisciplinar del arte madrile\u00f1o de los noventa<\/em>, Comunidad de Madrid, 2003<\/p>\n<p><a name=\"_ftn5\"><\/a>[5]Murr\u00eda, Alicia. Las ficciones que nos habitan, La F\u00e1brica Editorial, Madrid, 2004<\/p>\n<p><a name=\"_ftn6\"><\/a>[6]Idem, Olmo.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn7\"><\/a>[7]Olivares, Rosa. 100 fot\u00f3grafos espa\u00f1oles. Exit Publicaciones \u2013 Olivares y Asociados, Madrid, 2005<\/p>\n<p><a name=\"_ftn8\"><\/a>[8]Vozmediano, Elena. El Cultural, \u00bf?<\/p>\n<p><a name=\"_ftn9\"><\/a>[9]Bataille, Georges. El erotismo, Ed. Tusquets, Barcelona, 1985<\/p>\n<p><a name=\"_ftn10\"><\/a>[10]Agamben, Giorgio: \u201cEl rostro\u201d, <em>Medios sin fin. Notas sobre la pol\u00edtica<\/em>, Pre-Textos, Valencia, 2001<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando el que mira es un hombre &nbsp; Comienzo a escribir casi sin querer. Con cierto miedo de no encontrar respuestas. Inmediatamente asumo que las obras de Laura Torrado derivan de una suerte de desdoblamiento, incluso cuando se disfrazan de simple autorretrato. 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